A pesar de todo, la Reserva Nacional Tambopata se defiende de la minería ilegal


El jueves y viernes pasado estuve en Puerto Maldonado, invitado como expositor a un taller interno del Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Sernanp), dirigido a los funcionarios de la Reserva Nacional Tambopata -el área natural protegida más visitada de nuestro país y la que recibe más turista extranjeros-. El tema del taller: la tragedia de la minería ilegal en el departamento de Madre de Dios.

Quedé sorprendido del compromiso de los guardaparques y del jefe de Tambopata, Jhon Florez. Personas que luchan contra los incendios que ocurren por causas naturales, con la misma energía que luchan contra la minería y la tala ilegal. De hecho, ya han logrado que no haya minería al interior de Tambopata; sin embargo, ha sido imposible expulsarla de su zona de amortiguamiento. El inmenso número de mineros hace necesario otros medios para lograr el mismo éxito. Como lo explicaba Jhon en su exposición, “al menos tratamos que tengan responsabilidad en su espacio”.

Muy interesante resultó asistir a la exposición del Fiscal Provincial especializado en materia ambiental, Dr. Pedro Farfán, quien con su experiencia previa en Puno, persigue enérgicamente a los criminales ambientales. Como él dijo, “juntos hay que ser un solo puño” en la lucha contra la minería y tala ilegales. En su breve gestión en Madre de Dios, ya doce personas han ingresado a la cárcel por extracción ilegal de madera. Nos mostró videos de sus acciones contra la minería ilegal, nada fácil en un lugar donde todavía parece que rige la “ley de la selva”, antes que la peruana.

El viernes por la noche, en el hotel Don Carlos, más de un centenar de personas, unidas a las autoridades civiles y militares de la ciudad celebraron el décimo primer aniversario de creación del área. Ahí me entero que Tambopata, a pesar de los escasos recursos, cuenta con una muy buena gestión. Más allá del reciente apoyo que ha recibido de la Sociedad Zoológia de Frankfurt, Tambopata tiene un Comité de Gestión constituido por algunos ciudadanos  notables y empresarios locales. Dos de ellos fueron reconocidos en la ceremonia de aniversario. Don Víctor Zambrano, ejemplo de ciudadano amante de la naturaleza y enérgico defensor de ella; así como don Nilo –no recuerdo su apellido-, orgulloso empresario castañero. La castaña es aprovechada dentro del área natural protegida. Ojo, la creación de un área natural protegida ya no es “poner alambre de púas” alrededor de un lugar, sino el intento de generar desarrollo a partir de la conservación.

Pero además de don Víctor y don Nilo, también fue reconocida con un lindo galardón una chica universitaria de Puno que lleva casi un año apoyando de manera voluntaria a los guardaparques en Tambopata. Lo mismo una adolescente de la ciudad que colaboró de manera similar. Y, quizás lo más importante, entregaron los premios a los niños y niñas que lograron los tres primeros puestos de la maratón realizada por el aniversario de la creación de Tambopata. Esta maratón es una de las tantas actividades de educación ambiental –como la toma de muestras de agua- que el área de educación ambiental de la Reserva, dirige en la ciudad. Educando a los niños educamos a la sociedad. “Pepe, el Lobo de Río” es la mascota.

Al día siguiente, Lucho Casani, uno de los guardaparques, me explica, mientras nos internábamos en la Reserva, cómo el fuego puede arrasar con el bosque, pero sin afectar el suelo orgánico, de tal manera que la flora vuelve a crecer logrando la misma diversidad de antes. Sin embargo, cuando los mineros ilegales arrasan con el bosque no queda suelo orgánico, por lo que son muy pocas las plantas que pueden volver a crecer. Esto está quedando demostrado por un proyecto de reforestación que lleva a cabo AIDER, una de las asociaciones sin fines de lucro aliada de Tambopata.

Durante la caminata que hicimos hacia el Lago Sandoval, lugar emblemático de la Reserva, conversábamos sobre el poder económico de la minería ilegal en Madre de Dios y el modo de hacerle frente desde el Estado. Pero al mismo tiempo, como era muy temprano y aun no entraba el ruidoso grupo de sesenta universitarios que habían llegado de Cusco, pudimos tener la satisfacción de compartir el espacio con guacamayos, loros y monos. Por el poco tiempo que teníamos no pudimos llegar al lugar donde se puede ver al famosísimo lobo de río; menos aún ver a un otorongo o al águila arpía.

Antes de subirnos al bote para dejar Tambopata, luego de encontrarnos con pequeños grupos de turistas extranjeros que, como nosotros, se habían levantado de madrugada para internarse en el monte, nos despedimos de los dos guardaparques voluntarios que estaban en los puestos de control sustituyendo a los guardaparques oficiales que habían asistido al taller en Puerto Maldonado. Estos muchachos, estudiantes universitarios, me explicaba Lucho, son una pieza clave en la gestión del área.

Los funcionarios de Tambopata tienen claro qué hacer en el largo plazo, pero necesitan más ayuda del Gobierno. Hay asuntos que escapan de la propia competencia del Sernanp y que son clave para luchar contra la minería ilegal. Mencionaré uno: el de las empresas formales que son instrumento de la minería ilegal. Hay empresas que forman parte de la cadena de proveedores y de comercialización de los delincuentes ambientales. Son quienes les venden la maquinaria y equipo. Quienes hacen posible que adquieran combustible. Quienes les compran el oro y lo meten al mercado. Todo no viene y va a Brasil, el sentido común indica que hay empresas formales que están interviniendo, por lo que el Estado puede identificarlas con la información que maneja Sunat. Además, Osinergmin debería controlar la venta de combustible, como le corresponde por ley.

La Reserva Nacional de Tambopata sirve de ejemplo para explicar cómo una buena gestión requiere, antes que nada, de gente con sentido común y comprometida con su labor. De nada sirve, como sí piensan algunos congresistas, la aprobación de más normas si no existen los recursos para su cumplimiento.

Recuerdo el debate en el Congreso el día que se aprobó la Ley General del Ambiente: el Presidente de la Comisión de Ambiente, de ese entonces, sentenció a voz en cuello que era “de vida o muerte” aprobar la ley. Que yo sepa, la Ley 28611 no ha salvado la vida a nadie, ni ha mejorado la calidad de vida de ningún peruano en sus seis años de vigencia. Hoy en día, las palabras y los actos demagógicos sobran. El extraordinario trabajo de los funcionarios y ciudadanos miembros del Comité de Gestión de Tambopata, así lo demuestra. Como peruano, ¡les agradezco, señores!

El sendero al Lago Sandoval acaba aquí, para luego tomar estas canoas. Un lugar mágico.

Con Lucho Casani, Guardaparque de la Reserva Nacional Tambopata, luego de nuestro regreso a Puerto Maldonado

Puente de la Carretera Interoceanica, donde se une el Río Tambopata y el Madre de Dios.

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Acerca de Lorenzo de la Puente

Abogado dedicado al Derecho Ambiental y Administrativo
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